LA COMUNICACIÓN EN LOS TIEMPOS DEL ZAPPING. 

Dice Wikipedia: “El teléfono móvil es un dispositivo inalámbrico electrónico para acceder y utilizar los servicios de la red de telefonía celular o móvil. Se denomina celular en la mayoría de países latinoamericanos debido a que el servicio funciona mediante una red de celdas, donde cada antena repetidora de señal es una célula, si bien también existen redes telefónicas móviles satelitales. Su principal característica es su portabilidad, que permite comunicarse desde casi cualquier lugar. La principal función es la comunicación de voz, pero a partir del siglo XXI, los teléfonos móviles han adquirido funcionalidades que van mucho más allá.  Se podría decir que se han unificado (que no sustituido) con distintos dispositivos tales como PDA, cámara de fotos, agenda electrónica, reloj despertador, calculadora, microproyector, GPS o reproductor multimedia. A este tipo de evolución del teléfono móvil se le conoce como Smartphone. La primera red comercial automática fue la de NTT de Japón en 1979 y seguido por la NMT en simultáneamente en Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia en 1981 usando teléfonos de Ericsson y Mobira (el ancestro de Nokia).”

Recapitulando: en estos tiempos, puedes llamar a cualquier persona casi desde cualquier sito. Pero ¿para decirle qué exactamente? Me intriga…. En los 80´s empezamos zappeando los canales de la tele, en los 90´s nos seguimos zappeando las ideologías y ahora terminamos donde era lógico terminar: zappeando los afectos… saltando incansablemente de persona en persona  ¿Qué permanece inalterable? Como bien afirma el dicho popular, en estos tiempos, la única fidelidad es la de los minicomponentes de audio. Mientras más nítido se escucha el sonido, más burdas son las palabras. Mientras más brillantes lucen las imágenes, más vacíos son los gestos. Mientras más alta la definición visual, más ambiguas las ideas.

Entonces ¿en qué hemos avanzado como especie? ¿En productividad? ¿En eficiencia laboral? Hay quien piensa que hemos logrado romper las fronteras a través de la tecnología. No lo sé…  no se siente así, sigue habiendo demasiadas cosas que nos separan. Pero lo que sí es un hecho, es que ahora estamos todos hermanados por una RED: somos un nuevo tipo de sociedad.

A través de Twitter hemos llegado a la máxima síntesis del lenguaje, pero ¿será esto una abstracción esencial del pensamiento o una reducción del espíritu? Nadie lo sabe, pero pareciera que en el mundo contemporáneo la espiritualidad ya no es un estado superior de consciencia, sino una exaltación efímera que ocurre en spas y centros holísticos. Una especie de hedonismo apapachador del alma que nos hace sentir mejor bajo el suave aroma de múltiples aceites y velas.  Es decir, pareciera que con los siglos, hemos transitado ingeniosamente de la espiritualidad a la esparitualidad, y en ella, la información va a toda velocidad.  Datos, datos, data…

¿Queda espacio para la reflexión en medio del vértigo? Si, desde luego: en el Arte…. desde el primer tambor en la primera tribu, desde la primera imagen. Y

particularmente aquí, en el teatro, (en afortunadas ocasiones), sobrevive un lugar para la reflexión, y (en ocasiones aún más afortunadas) permanece vivo un refugio para el espíritu, no necesariamente santo, pero espíritu al fin.

Por todo eso, a través de las obras contenidas en esta edición, finlandeses, guerrerenses, chilangos y demás añadidos de la red, nos adentramos juntos en los áridos territorios afectivos en los que nos resguardamos de nuestra propia consciencia e inspeccionamos con humor las mutantes habilidades  psicológicas que hemos desarrollando para sobrevivir al vértigo.

Aurora Cano.