Dicen que hay que tener cuidado con lo que uno desea porque se le puede cumplir… y sí… el deseo siempre es un peligro. Porque su naturaleza es traicionera y su materialización vaporiza las ideas y hace que uno se sienta un poco perdido entre la bruma y el placer. Y así ha sido. Esto del DramaFest ha sido como sacarse el tigre en la rifa, porque si bien es cierto que durante estos años he estado en éxtasis contemplando su belleza, también es verdad que una y otra vez he terminado arañada y rogando por mi vida.

Hace una infinidad de tormentas (y no es que quiera ponerme metafóricamente idiota sino que literalmente nos llueve con furia bíblica durante el festival por ser en agosto), yo quería crear un laboratorio dedicado al estudio del teatro contemporáneo y su vinculación con una nueva generación de espectadores. Me perturbaba que el 70 por ciento de las familias en México pudiera nacer, crecer y reproducirse sin nunca tener la necesidad de ir a un teatro, me retumbaba la estadística en el pecho, me intrigaba por qué en otros países no era así, me sentía absolutamente sola persiguiendo deseos inexplicables y dedicando todos mis esfuerzos a algo que, a ojos de mis seres queridos, parecía el desperdicio absoluto de todas mis capacidades (empresariales, intelectuales y hasta ¡musicales!). En su defensa diré que mi pasión por el teatro siempre ha parecido más enfermedad que vocación, afiebrado espíritu de jolgorio mezclado con nostalgia negra de ideologías perdidas… un horror.

Sé que este texto debería ser un recuento institucional de los logros del festival en términos de impulso a la dramaturgia nacional, la colaboración internacional y como puente con los estados, pero el problema es que me aburren horriblemente esos términos. A lo largo de esta década he tenido que invocar tantas veces esas palabras que los anhelos tras de ellas han sucumbido a una metamorfosis de cansancio y polvo.

Pero lo que sí me conmueve mucho es que después de miles de palabras ya no me siento sola. Ahora me siento en una especie de Montaña Mágica de la teatralidad compartiendo esta tuberculosa necesidad de espejos con toda una comunidad. Una comunidad talentosa y solidaria dentro de la que no sólo cuento a los artistas, que sin duda son su alma, sino también a todos los que, arriba o abajo del escenario, me han tomado del brazo y se han subido conmigo al barco. Todo mi agradecimiento a los que han aguantado la respiración (y los presupuestos) y se han sumergido conmigo en las profundidades con estilo y generosidad. Gracias también a mi entrañable equipo de producción y especialmente a Nicolás Alvarado, mi compinche de anhelos absurdos y autodestructivos, mi querido socio quien ha permanecido estos diez años a mi lado buscando espacios para la escritura teatral y ayudándome a abrir caminos e inventar posibilidades inimaginables para mí. No quiero sonar cursi e irracional (estoy consciente de que las únicas estadísticas que se han incrementado en estos años en el país son las de la violencia), pero estar rodeada por esta familia sí me ha ayudado a conservar el deseo… incluso bajo las pesadas nubes de lluvia chilangocrática.

Y por eso hoy, empapada y entusiasmada, pienso que es un privilegio disfrutar de esta edición de desiertos y junglas en la que abrazamos festivamente a nuestros invitados australianos y morelenses para dar vida a esta aventura de latitudes, simulacros, palimpsestos y algunos destellos de luz.

 

AURORA CANO.

 

CRÉDITOS

Producción General: Aurora Cano  y Nicolás Alvarado.

Dirección Artística: Aurora Cano.

Programación: Ignacio García.

Asesores en Australia: Marion Potts y Justin McDonnell.

Producción Ejecutiva: Raúl Morquecho y Blanca Guevara Acosta.

Coordinación de Producción en Morelos: Manuel Zepeda y Marcos Rossi.

Dirección Técnica: Raúl Munguía.

Diseño audio Burbujas: Armando Montiel.

Prensa y Difusión: Edmundo Luján.

Relaciones Públicas: Claudia Marín.

Asistentes de producción: Erick Saúl y Larissa Polaco.

Web Master: Marco Polo Ramos.

Diseño Gráfico: Leonor Hernández.

Fotografía: José Jorge Carreón.

Trailers: Aguachile.

Agradecimientos 10º Aniversario DramaFest:

Nuestro más profundo agradecimiento a todos los que ha hecho posible que a lo largo de estos 10 años existiera el festival: Rafael Tovar y de Teresa, Sari Bermudez, Sergio Vela, Consuelo Sáizar, Saúl Juárez, Antonio Crestani, Miguel Ángel Pineda, Francisco Cornejo, Fernando Serrano Migallón, Raúl Arenzana Olvera, Gerardo Kleinburg, Álvaro Hegewisch, Juan Meliá, Saúl Meléndez, Otto Minera, Ignacio Escárcega, Jaime Márquez, Lorena Maza, José María Mantilla, Mónica Raya, Enrique Márquez, Elena Cepeda, Nina Serratos, Eduardo Vázquez Martín, Ángel Ancona, Ricardo Cayuela, Moisés Rosas, Graco Ramírez, Cristina Faesler, Jaime Álvarez Cisneros, Manuel Zepeda, Marcos Rossi, Carlos Fregoso, Susan Chapman, Circe Henestrosa, Rocío Bermejo, Liliana Saldaña, Claudia Cabrera, Pedro Ángel Palou, Jorge Alberto Lozoya, Bertha Cea, John Eisner, Igor Lozada, Lourdes González, Jesús Oyamburu, Maryanna Villanueva, Ignacio Martínez, Germán Guerrero Pavez, Alejandra Frausto, Niina Bergius, Hanna Helavuori, Arja Perälä, Rene Söderman, Jukka Hytti, Justin McDonnell, Marion Potts, Lyn Wallis, Jo Porter, Sarah Neal, Nicole Benson, Tim Roseman, Amanda Macri, Dan Prichard, Ashleigh McArthur, Eugenio Morales, Eunice Cortés, Jorge Volpi, Enrique Strauss, Claudia d´Agostino, José Luis Aguilera, Arizbeth Gamboa, Mauricio García Lozano, Juliana Faesler, Emma Dib, Sebastián Sánchez Amunátegui, Alejandra Ballina, Patricia Rozitchner, Alma Nápoles, Graciela Cázares, Luis Mario Vivanco, Paco Arquero y Diana Mogollón.

Un agradecimiento especial para Carolina Monroy del Mazo, Luis Mario Moncada y Enrique Singer quienes nos dieron el banderazo de salida en 2004.